Cómo curar una herida para no dejar cicatriz

Soy de pueblo. Nací en un pueblo pequeño y bonito, para mí, el mejor de todo el mundo.

Me pasé los veranos jugando en la calle fuera de casa con mis primos y vecinos. Nosotros hemos formado parte de esos niños que confirman la siguiente estadística: los accidentes infantiles aumentan en verano. Éramos un grupo numeroso y raro era el día en el que alguno de nosotros no sufría algún «accidente»: rasguños, cortes, caídas… pero es que jugar tantas horas acaba siendo tarea de alto riesgo y las manos no siempre aparecen cuando se necesitan para frenar la caída y evitar la catástrofe. La caída la frenaban las rodillas, el culo o la cara.

 

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