¡A la rica castaña señores!

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Redondita y morenita,

un poco aplastada,

la puedes comer cruda,

cocida y asada.

Nací en Galicia. Tierra de castañas. En el patio de mi cole había castaños. Con tres y cuatro años me pasaba los recreos otoñales con mis amigos
abriendo erizos y, pelando y comiendo castañas. En un buen recreo, si me tocaban castañas fáciles de pelar, podía comer incluso más de cuatro castañas ¡todo un éxito!

Recoger castañas es uno de esos rituales que no se olvidan, como montar en bici: se pisa un erizo con los dos pies, se abre y se recogen las dos o tres castañas que haya en su interior sin dejar de pisar el erizo para no pincharse los dedos. Si nunca has estado en Galicia (u otra zona con castaños) en otoño y te gusta la naturaleza, te invito a que, por lo menos una vez, vayas y recojas castañas. Te pincharás pero seguro que repetirás.

Propiedades de las castañas

La castaña es un fruto seco aunque su contenido en agua es muy superior al de otros frutos secos rondando el 50% (ver tabla), lo que ayuda a que su contenido en grasas sea muy bajo y sea uno de los frutos secos con menos contenido calórico. Los hidratos de carbono proporcionan al organismo 4 kcal/gramo mientras que las grasas proporcionan  9 kcal/gramo.

Por contra, el porcentaje de hidratos de carbono es superior al 40% siendo rica en hidratos de carbono de liberación lenta, lo que convierte a la castaña en una fuente de energía ideal. Los hidratos de carbono de liberación lenta producen una liberación de glucosa más lenta que los simples proporcionando al organismo (y al cerebro) energía y sensación de saciedad durante más tiempo y evitando picos de glucosa.

La composición de las castañas es más o menos la mitad agua y la mitad hidratos de carbono. Un puñadito de castañas no engorda ni está prohibido en dietas de adelgazamiento.

Son ricas en potasio, hierro y vitaminas del grupo B

Las castañas contienen vitaminas del grupo B, que ayudan a mejorar el estado de ánimo y la apatía típica del otoño. Quizás por esta cualidad recuerdo con tanta alegría los recreos recogiendo castañas, los magostos y las noches en el sofá viendo una peli y comiendo castañas. Las vitaminas del grupo B se pierden durante el cocinado, por lo que lo mejor para aprovecharlas es comer las castañas crudas.

Tienen un buen aporte de potasio (K). El potasio favorece la diuresis por lo que es beneficioso para el funcionamiento del riñón y para problemas de retención de líquidos. Además ayuda a combatir la hipertensión.

El hierro (Fe) es importante porque forma parte de la hemoglobina, molécula que lleva el oxígeno a los tejidos. Su carencia produce anemias.

Las castañas y los taninos

Las castañas son ricas en taninos. Unos polifenoles responsables de la fama que las pobres castañas tienen de digerirse mal y de los gases que provocan.

Estos taninos tienen efecto astringente por lo que son buenos si uno anda con el vientre un poco suelto.

Para disminuir un poco la cantidad de taninos tenemos dos opciones. La primera opción es cocinar las castañas, tanto cocidas como asadas están buenísimas. La otra opción es dejar que pasen unos días entre la recogida de la castaña y el momento de comerla.

Harina de castañas

Hace poco más de una semana descubrí la harina de castañas, en la feria de otoño de Allariz, o como yo la recuerdo “el paraíso de las setas y las castañas”.

Con esta harina podréis comer productos de castañas y disfrutar de sus beneficios durante todo el año.

Un equipo de la Universidad de Santiago de Compostela ha realizado harina de castañas apta para celíacos enriquecida con extractos de algas marinas, que poseen elevada actividad antioxidante.

Os dejo una receta de un bizcocho que me han pasado facilito y rico, rico. Si os animáis ya me contaréis qué tal os sale. ¡Buen provecho!

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